Las bragas de castigo



Las bragas de castigo son unas braguitas que el Ama suele utilizar para castigar con ellas al sumiso colocándolo de rodillas, cara a la pared, y con las manos atadas a la espalda. El Ama le coloca al sumiso sus bragas entre la nariz y la pared para que las aguante apretando mientras huele el aroma del olor del coño de su Ama.

Y allí lo dejará allí mientras chatea con otro, sale a tomar un café o va a donde quiera (incluido follar con su amante si es lo convenido). Si el sumiso se mueve o deja de apretar, se caerán al suelo por lo que al tener las manos atadas no podrá volver a colocarlas y aguantarlas, y cuando el Ama vuelva sabrá que se habrá movido y que no ha cumplido su orden de aguantarlas apretándolas contra la pared mientras huele los jugos de su coño.

El oler los jugos de su coño es lo que lleva a que esas bragas puedan ser "de castigo" porque estas bragas pueden ser "normales", es decir, que el Ama se haya corrido sobre ellas para dejar un buen sabor de su coño en la tela, o "de castigo" que es cuando esa corrida la ha hecho pensando en otro, en otro tío, con el propósito de que el sumiso huela el sabor de la excitación que le ha provocado otro macho.

Para ello el Ama se echará sobre la cama, colocará al sumiso al lado de rodillas para que le bese la mano, pero con la otra se masturbara por debajo de la braga y pensará en otro. En voz alta y preferiblemente en uno que sea del círculo de amistades de ambos (pongamos que se llama Abel), para que cuando el sumiso se encuentre con él o lo vea hablar con su Ama, sufra al pensar que ella lo desea y desea follárselo, porque de hecho ya lo ha hecho delante suya, aunque sólo haya sido al pensarlo en voz alta:

- Fóllame, Abel -gritará ella excitada-, méteme tu polla en mi coño, por favor, que te deseo, que estoy loca por ti, que me vuelves loca con esa polla que deseo que sea mía, que me folle. Fóllame Abel, no tengas piedad y dame duro, fóllame sin descanso y méteme la polla en mi coño que ya esta mojado pues se con sólo verte, al pensar en ti, al saber que me vas a follar. Así, Abel, méteme tu polla delante del cornudo de mi novio para que sepa lo que es un macho de verdad, para que sepa lo que es un hombre que se folla a una mujer como yo. Fóllame, Abel, métemela bien duro que me corroooooo.

Y el Ama se corre sobre la braguita pensando en otro, mientras su sumiso le besa la mano y le dice que la quiere. Y luego, se quita las bragas, se las da a oler y le dice que huela el placer que le ha proporcionado otro tío, otro macho. El olor de la corrida que ha tenido al pensar que la folla con otro que no es él.

Y se las quita de la cara y lo obliga a guardarlas en una bolsa o un tarro hermético para cuando las necesite porque esas bragas sólo son "de castigo", para cuando quiera castigarlo poniéndolo de rodillas cara a la pared para que las aguante y las huela, sin poder mover ni un músculo de su cuerpo porque se le caerían al suelo y no podría poder volver a ponerlas de nuevo donde estaban.

Este castigo es también un premio pues permite al sumiso oler el coño de su Ama, aunque haya sido pensando en otro. Sirve también para demostrar al sumiso el poder que ella tiene sobre él y que es libre de follar con quien quiera, mientras que a él sólo le está permitido disfrutar del olor de su placer. Y también permite que el Ama castigue a su sumiso con cuernos, que en realidad no son tales pues son sólo deseos de cuernos. Pero se sufren y gozan igual. O más aún.
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